Había paseado tantas veces por Córdoba que no conseguía dar crédito a las nuevas sensaciones que estaba teniendo aquel día. Había admirado siempre su belleza, su elegancia su singularidad... el olor de sus calles, el habla de sus gentes, pero aquel día fue diferente.
Tratamos de tener otra mirada, a través de nuestra cámara de fotos, ver la ciudad con el prisma, no sólo de un enamorado de su tierra, sino de alguien que, como un extraño, se deja cautivar por la franqueza de la ciudad. Lucía y yo nos colocamos esas "gafas", que conseguían, de repente, convertirte en un desconocido en Córdoba, y empezar de cero... a descubrirlo todo.






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